CICATRICES

¿Quién no desearía para sí una vida sin contratiempos, sin obstáculos, sin cicatrices? Había un personaje de una serie televisiva en los 80 que decía que le encantaba que los planes salieran bien. El tener un plan es como fijar un rumbo, algo necesario para poder echar a andar; ahora bien, que no nos salga el plan A ni es siempre tan terrible ni tan catastrófico como lo solemos pintar.

Por lo general nos encanta categorizar, tener las cosas bien delimitadas, hacerlas chiquitas en la ilusión de que las podemos manejar a nuestro antojo. Las clasificamos enorgulleciéndonos de las «buenas» y rechazando las no tan buenas en una especie de cirugía plástica existencial absurda, porque desterrando esas cuitas repudiamos también nuestros aprendizajes. Escribía mi admirado Borges «sé que he perdido tantas cosas que no podría contarlas y que esas perdiciones, ahora, son lo que es mío». Fijamos rumbos sobre el mapa, pero a veces, llegados al límite del mismo, aparecen nuevas cartografías. Volviendo la vista atrás veo que mis planes han dado un par de vueltas al abecedario, de no haberlo hecho no sería yo quien escribe estas líneas.

Que el plan se haya malogrado por causa propia o ajena es indiferente pero siempre resulta más fácil culpar a otro de nuestra desdicha. Aceptar que podemos cometer «faltas» y aprender de ellas no es tarea fácil, se requieren valentía y humildad. Recuerdo haber escuchado en una entrevista a Patricia García explicando, con la misma maestría que tiene con el balón de rugby, el por qué somos mucho más que nuestros errores. Hablaba de haber fallado «la patada más importante de su vida» en el último minuto de un partido crucial. Cualquiera en su lugar hubiese hecho desaparecer la camiseta junto con el recuerdo de tan fatídico momento. Ella, en cambio, la enmarcó para tenerla presente a diario. Se aplicó algo parecido al Kintsugi, que es una técnica artesanal japonesa consistente en reparar con oro piezas rotas de porcelana. No solamente no se intenta ocultar el daño sino que se resalta con uno de los metales más valiosos que existen. Más allá del mero resultado estético representa una filosofía de vida inclusiva que pone en valor la importancia de todo lo vivido, porque también somos nuestras cicatrices.

Web de Patricia García: https://www.patriciagarciarodriguez.com/


Cristina González Castro

EXPERTA EN EJERCICIO Y CÁNCER, EN MARCHA NÓRDICA, COACH Y DIVULGADORA

  • Grado en Radioterapia y Oncología por la University of London
  • Grado en Ciencias del Deporte, la Salud y el Ejercicio por la University of Surrey
  • Posgrado en Psicología Positiva Aplicada y Psicología del Coaching por la University of East London

VOZ PROPIA

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