IMPREVISTOS

Amanecer desde La Brecha – Pirineos

Hace ya unos cuantos años quise tomar aire y me escapé de Londres al Pirineo para hacer en solitario una travesía que había planificado al detalle y que se fue al traste el primer día. Para no desentonar con la tónica del viaje, mi meticuloso plan de regreso también decidió declararse en rebeldía. Un golpe de calor, un tren que nunca salió, un vuelo aplazado… más de dos días después aterricé con las fuerzas justas para llegar a casa. A pesar de ello mi cara de felicidad contrastaba con la de quienes conocían que había fracasado en mi intento. Nos educan para valorar el éxito como un lugar al que se llega, como si pudiésemos habitarlo y al igual que en los cuentos vivir «juntos y felices por siempre jamás». Me temo que en mi caso ni he llegado a ese ansiado sitio ni tengo muy claro lo de la convivencia eterna. Pero como no soy de quedarme quieta he buscado otros caminos, tirando casi siempre más de corazón que de mapa, y en esas continúo.

Aquel estupendo viaje me regaló dos semanas enteras de dejarme llevar, de pura improvisación, de pura vida. Le cogí gusto a eso de viajar en mi propia compañía y al año siguiente volví con otro reto que también se truncó. Esta vez una tormenta monumental me obligó a improvisar un vivac en La Brecha de Rolando y al día siguiente a desistir de mi propósito y volver con paso resignado pero seguro. Es curioso, creo que cuanto más nos perdemos más nos buscamos en referencias externas y es que tenemos la mala costumbre de buscarnos donde no estamos. Cumplir objetivos y expectativas está muy bien, pero aún cuando se nos desdibujan los mapas todavía podemos marcar nuestra referencia. La mía decidí marcarla allí en esa tarde de tormenta. Nunca he sentido el rugido de la naturaleza como entre esas rocas y nunca he tenido tantas estrellas como en esa noche cuando escampó. Y siempre escampa. Y siempre amanece un nuevo día. Y nos falta paciencia.

A pesar de nuestro empeño por cumplir a rajatabla todo lo proyectado, son las vidas repletas de imprevistos las que nos enriquecen. Ya lo decía El Principito «caminando en línea recta no puede uno llegar muy lejos».


Cristina González Castro

EXPERTA EN EJERCICIO Y CÁNCER, EN MARCHA NÓRDICA, COACH Y DIVULGADORA

  • Grado en Radioterapia y Oncología por la University of London
  • Grado en Ciencias del Deporte, la Salud y el Ejercicio por la University of Surrey
  • Posgrado en Psicología Positiva Aplicada y Psicología del Coaching por la University of East London

VOZ PROPIA

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