HÉROES Y HEROÍNAS

Una vez fui un súper-héroe de incógnito. Acabábamos de iniciar el desembarco de un vuelo y delante de mi un señor se afanaba por avanzar por el estrecho pasillo del avión empujando como podía la maleta de cabina al tiempo que prácticamente arrastraba a un niño de unos 5 años. El crío, colgado de la mano de su padre, caminaba a trompicones porque iba mirando hacia atrás. Me contemplaba boquiabierto con esa cara de asombro que solamente habita la infancia. Le guiñé un ojo con complicidad pero lejos de mejorar la situación se tropezó consigo mismo y se cayó al suelo. Por aquel entonces yo lucía pelo corto, negro y como había estado leyendo tenía todavía las gafas puestas. Mientras ayudaba al pequeñín a recuperar la verticalidad vi que no quitaba ojo de mi camiseta y comprendí lo que pasaba. El mismísimo Clark Kent en persona acababa de ayudarlo a ponerse en pie.

Aunque admiro y he admirado a muchas personas por diferentes razones, nunca he sido muy de idolatrar a nadie. Creo que el secreto está en el equilibrio pero ni los buenos son siempre tan buenos ni los malos siempre tan malos, al fin y al cabo somos todos humanos. Aún así, quizá lo más parecido que he tenido a un héroe o una heroína haya sido Katharine Hepburn. Durante mi adolescencia me aficioné al cine clásico y sabedores de mi predilección por esta actriz mis padres me regalaron su biografía, Me. Stories of my Life. ¡Qué mujer! ¡qué carisma! Me tenía totalmente fascinada y no por su éxito, porque ese mismo pundonor lo he encontrado en personas que no han logrado hazaña alguna. Es esa actitud, es ese desparpajo vital el que me atrapa. He de confesar que sigo sintiendo debilidad por las personas en quienes reconozco esa fuerza, no abundan, me cautivan irremediablemente y me arrastran hacia la vida despiadadas.

Más que de las grandes proezas soy fan de los detalles, de los pequeños gestos que nos salvan de un mal trago, importante o no, pero que nos facilitan el día a día. Hace poco encontré una anotación en una libreta de viaje «No me quiero olvidar de esa chica que me ha hecho el día más amable “Que vaya bien”. Aeropuerto de El Prat, 14/10/19». En ese día ella fue mi heroína. Si nos lo proponemos todos podemos hacernos la vida un poco más agradable y llevadera. No hacen falta capas o súper-poderes, ser un héroe o heroína está al alcance de la mano, es algo mucho más sencillo, cotidiano y humano.


Cristina González Castro

EXPERTA EN EJERCICIO Y CÁNCER, EN MARCHA NÓRDICA, COACH Y DIVULGADORA

  • Grado en Radioterapia y Oncología por la University of London
  • Grado en Ciencias del Deporte, la Salud y el Ejercicio por la University of Surrey
  • Posgrado en Psicología Positiva Aplicada y Psicología del Coaching por la University of East London

VOZ PROPIA

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