VIDA

En mi primer día de trabajo en el departamento de radioterapia llegué con una hora de antelación, hay momentos que vale la pena alargar para fijarlos bien en la retina. La cuesta que baja hacia la entrada del hospital está flanqueada por jardines y me senté en uno de sus bancos en un intento por calmar mi energía. Olía a hierba recién cortada, cantaban pajaritos y una mujer cuidaba con mimo las plantas que estaban por allí repartidas. Al verme se acercó y se ofreció a charlar conmigo o simplemente a sentarse a mi lado si así yo lo prefería. Me creyó con algún familiar ingresado y pensó que me vendría bien la compañía. Aclarado el equívoco exclamó con alegría «¡Ah! pues con esa sonrisa te irá bien, tranquila». A veces pienso si no sería mi imaginación la que me regaló esa bienvenida. En cuanto a mi sonrisa viene de serie, supongo que el día en que las repartieron era mi día.

Llegar al Royal Marsden me llevaba una hora y cuarto de metro, tren y caminar entre gente con prisa. Durante ese trayecto todos los días me repetía que podía, que si a mí me pasara querría allí mi sonrisa y que por muy mal que vengan las cosas si sabes dónde poner la mano, siempre alivia. A eso se refería esa mujer del primer día. A eso se refería cuando me decía «tranquila», a veces no podemos arreglar las cosas pero sí endulzarle a alguien el día. Después de eso muchos momentos pasaron a formar parte del archivo de mi vida. Recuerdo algunos con especial cariño como el del hombre de ojos azules e intensos que me miraban desde la camilla. Enjuto, el pelo blanco y liso, muy largo al igual que su vida, me indicó que me acercase y al hacerlo me tomó del brazo y me susurró «¡disfruta de la vida!». Me contó que había sido un bala perdida, que ahora lo cuidaban unas monjitas y que no se lo merecía.

¡Cómo nos engaña la vida! comencé a trabajar con pacientes oncológicos porque no quería verla pasar desde la ventanilla, porque quería meterme en el fango y ayudar a tirar hacia arriba. Pero nunca pensé que pudiese ser a mí a quien rescatarían. El hombre de pelo blanco y ojos azules me visita de cuando en cuando, viene a susurrarme al oído y yo lo seguiré esperando.  


Cristina González Castro

EXPERTA EN EJERCICIO Y CÁNCER, EN MARCHA NÓRDICA, COACH Y DIVULGADORA

  • Grado en Radioterapia y Oncología por la University of London
  • Grado en Ciencias del Deporte, la Salud y el Ejercicio por la University of Surrey
  • Posgrado en Psicología Positiva Aplicada y Psicología del Coaching por la University of East London

VOZ PROPIA

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