RUMBOS

Siempre he sentido una fascinación especial por la rosa de los vientos y por todo lo relacionado con los rumbos. La foto que acompaña esta entrada es precisamente de mi primera brújula, que todavía conservo. Pero el rumbo puede venir marcado de muy diversas maneras.

Siendo niña intuí que son los libros quienes nos eligen y las innumerables lecturas que han caído en mis manos me lo corroboran una y otra vez. En medio de la desorientación fuerzas más allá del azar se conjuran para proporcionarme un norte en forma de papel. Cierto es que siento devoción por ellos, aunque nuestra relación ha ido evolucionado. Al principio los trataba con un esmero inusitado, los leía casi sin abrirlos y marcarlos en cualquier forma me parecía una profanación imperdonable. Más adelante comprendí que se entregan a nosotros, que cuando subrayo o hago anotaciones en el margen les estoy dando más vida a base de compartir la mía.

En una de las dedicatorias más bonitas que he leído nunca, el astrofísico Carl Sagan dedica Cosmos a Annie expresando su alegría por coincidir con ella «en la vastitud del espacio y en la inmensidad del tiempo». Para poder apreciar nuestras circunstancias en su justa medida necesitaríamos de una amplitud de miras tan grande como la que tuvo Sagan. Pero la mayoría vivimos encarcelados en nuestros microcosmos particulares y limitados por nuestra naturaleza; Pessoa constató que solamente quería rosas  «cuando no las pueda haber». Es así, solemos darle valor a las cosas precisamente cuando nos vemos privados de ellas. «Nunca vi a un hombre con una mirada tan melancólica hacia ese toldo azul que los prisioneros llaman cielo». Oscar Wilde sufrió él mismo dos años de prisión y tras su liberación escribió la famosa Balada de la cárcel de Reading.

No tengo fórmulas mágicas para saber apreciar lo que me ha tocado vivir o qué rumbo deben seguir mis pasos, pero los libros siempre me han ofrecido una referencia a la que dirigirme para coger aire. No digo que sea fácil, a veces no hay una línea nítida en el horizonte, todo se desdibuja y me cuesta llegar a ese «final que debe preceder al comienzo» y es que «siempre hay algo que está lejos» (Rebecca Solnit en su maravilloso libro Una guía sobre el arte de perderse).

Si no profesáis mi amor por la lectura no desesperéis, también a vosotros se os ofrecen líneas de flotación. No son solamente los libros, es cualquier cosa que nos marque un rumbo. «Es la mano que me alcanza en el último segundo» (letra de la canción Qué Casualidad de Shinova). Es la vida misma que nos ofrece un tiempo y un espacio; el resto corre de nuestra cuenta. «Dime ¿qué piensas hacer con tu única, salvaje y preciosa vida?» (Mary Oliver).


Cristina González Castro

EXPERTA EN EJERCICIO Y CÁNCER, EN MARCHA NÓRDICA, COACH Y DIVULGADORA

  • Grado en Radioterapia y Oncología por la University of London
  • Grado en Ciencias del Deporte, la Salud y el Ejercicio por la University of Surrey
  • Posgrado en Psicología Positiva Aplicada y Psicología del Coaching por la University of East London

VOZ PROPIA

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